Febrero es un mes de contrastes. Mientras el calendario marca una temporada de descanso para muchos, la realidad es que para el organismo representa un periodo de transición sumamente exigente. En el mundo de la medicina preventiva, este mes es conocido por un fenómeno particular: la «ansiedad del retorno».
Los preparativos para el ciclo lectivo, la reestructuración de presupuestos tras las vacaciones y la presión por planificar los objetivos del año nuevo generan una carga psicológica que impacta directamente en nuestro sistema más vital: el cardiovascular.
LA FISIOLOGÍA DE LA ALERTA PERMANENTE
Cuando percibimos una amenaza -ya sea un peligro físico o la simple acumulación de tareas pendientes-, el cerebro activa el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal. Esto desencadena una descarga masiva de cortisol y adrenalina. En condiciones normales, esta respuesta nos ayuda a reaccionar ante desafíos puntuales. El problema de febrero es que el estrés se vuelve «sostenido».
Esta liberación crónica de hormonas del estrés obliga al corazón a trabajar a marchas forzadas. La adrenalina aumenta la frecuencia cardíaca y la fuerza de contracción, mientras que el cortisol eleva los niveles de glucosa en sangre para dar «energía» a los músculos. Si este estado se prolonga, las arterias se mantienen contraídas (vasoconstricción), lo que eleva la presión arterial de forma persistente y debilita las paredes internas del corazón.
EL RIESGO DE LA MICRO-INFLAMACIÓN
Más allá de la presión arterial, el estrés emocional de esta época del año dispara procesos de micro-inflamación. El corazón no solo sufre por el esfuerzo mecánico, sino por un entorno químico hostil. Las citoquinas inflamatorias, liberadas bajo tensión emocional, pueden volver inestables las placas de colesterol que ya existen en las arterias. Esto explica por qué, tras periodos de gran estrés psicológico, aumentan los casos de eventos coronarios agudos incluso en personas sin antecedentes graves. El corazón, literalmente, se resiente ante la falta de pausa mental.
ESTRATEGIAS DE BLINDAJE CARDIOVASCULAR
Para que el ritmo del calendario no dañe tu salud, es fundamental implementar técnicas de descompresión biológica que actúen como un «freno de mano» para el sistema nervioso:
- Coherencia Cardíaca: Practicar respiraciones rítmicas de 5 o 6 ciclos por minuto envía una señal eléctrica al nervio vago. Este nervio tiene la capacidad de ordenar al corazón que disminuya su frecuencia de inmediato, bajando la presión arterial en cuestión de minutos.
- Reposición de Magnesio: El estrés es un gran «ladrón» de magnesio. Este mineral es el relajante natural de las arterias. Incluir semillas de girasol, almendras, espinaca o cacao amargo en la dieta de febrero ayuda a estabilizar el ritmo cardíaco y a mejorar la calidad del sueño, que suele verse afectada este mes.
- Higiene Digital: La sobreexposición a noticias y redes sociales mantiene el cerebro en un estado de alerta artificial. Establecer bloques de «desconexión total» permite que el sistema cardiovascular recupere su variabilidad natural.
Tu corazón no distingue entre una amenaza real de supervivencia y la ansiedad por las obligaciones de marzo.
En Todo Salud te recordamos: el mejor ejercicio para tu longevidad este mes no se hace solo en el gimnasio, sino cultivando la capacidad de gestionar tu ritmo mental. Aprender a decir «no» y a priorizar el descanso es, quizás, la medicina cardíaca más potente que existe.
Para TodoSalud
Alejo Oliver
Área de Redacción | TodoSalud
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