Hace unos 37.797 millones de años, se generó el big bang y el astrofísico Fred Holey que así lo bautizó, también lo nominó, junto con el astrofísico y sacerdote Georges Lamaitre, como EL HUEVO PRIMIGENIO O HUEVO COSMICO.
No se sabe que había antes, pero sí que hubo una fusión y luego una gran explosión, que es el origen del Universo, con sus soles, estrellas, y planetas como el nuestro. Y me he preguntado si podemos ver que nuestro vivir y luego existir, no sigue un mismo patrón.
Como ya he explicado en otros de mis textos, somos producto del deseo de una madre, que una vez que se ha producido la fecundación, ella decide seguir el proceso evolutivo del sostener una vida dentro de la suya, hasta el nacimiento. Es entonces que me pregunto y me respondo, cuando el óvulo se une a un espermatozoide, se hacen uno en fusión y luego prosigue en una simbiosis de dos en uno. Luego de unos meses, cuando el feto ha madurado- si el proceso de embarazo fue óptimo- surge la necesidad de salir el mundo de los otros, y el parto es una explosión, que posibilita el ex-sistir.
De estar en unión cuasi paradisiaca, y como bien lo ha explicado OTTO ROSENFELD conocido como OTTO RANK, se produce El TRAUMA DEL NACIMIENTO. De ese momento como lo explicó Rank, un “instinto de vida” nos impulsa a vivir y luego a existir, a insertarnos en una comunidad de pares, sin perder la individualidad, que se desplegara en el contexto socio familiar, que como diría Heidegger somos “arrojados”. Estamos ante un trauma complejo, porque se une la separación del vientre materno, el soportar la ley de gravedad, el tener que respirar por los pulmones y el contacto sorpresivo con un otro, u otros.
Años después sabremos que nos vamos a morir, como el universo en el big crunch, que se trataría de una gran implosión dentro de millones de años, un retorno al principio y así oscilar con otro bing bang, millones de años después. Todo se trata de un repliegue que se despliega y vuelve a replegarse, cualquier comparación con nuestro ciclo vital, no es pura coincidencia. Seguimos las leyes de la naturalidad del Universo, en tanto somos un aspecto, un efecto, de esa dinámica.
Y antes de seguir, digo porque pienso que no hay causas durante nuestro trayecto vital, sino efectos que fluyen con otros efectos, entramados en ese fluir.
Cada uno de nosotros desde nuestra mismidad vital originaria, en donde se encuentran las experiencias organísmicas, sumando la yoicidad, la noción de sí mismo, que se instala cuando empezamos a “darnos cuenta” y decimos YO. Primero somos deseo primigenio, y luego deseos emergentes de los vínculos contextuales, que se ubican en el desarrollo de la socialización.
Somos una biología que se coloca en relaciones interpersonales y desplegamos la potencialidad de hablar – lenguajear nominó Humberto Maturana- de razonar – pienso luego existo, nos dijo René Descartes-, de imaginar, de transformar las emociones mamíferas en sentimientos humanos, de soñar y crear, de proyectar nuestro futuro, de ser nosotros mismos siendo con los otros, y de eso se trata la existencia que transforma la vida biológica en los seres que eligiremos ser siendo.
Como el huevo cósmico, venimos de un huevo materno, y vamos del man bang al man crunch, y transitaremos la incertidumbre, quizás al morir algo sabremos, o no.
Sobre el autor:
Lic Andrés Sánchez Bodas
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