Con la llegada de del equinoccio de primavera, la naturaleza experimenta un renacimiento innegable.
En muchos seres humanos ocurre un fenómeno paradójico: en lugar de sentir la vitalidad de la estación, el cuerpo responde con un cansancio persistente, apatía, alteraciones del sueño y dificultad para concentrarse. Este cuadro, conocido comúnmente como astenia primaveral, no es una enfermedad en sí misma, sino un trastorno transitorio de adaptación. Desde la perspectiva de la medicina integrativa, este desajuste es una señal clara de que nuestros ritmos internos se encuentran desincronizados frente a los cambios ambientales de luz, temperatura y presión atmosférica.
Para comprender este proceso, debemos mirar hacia nuestros ritmos circadianos. El aumento de las horas de luz solar y la modificación en la producción de neurotransmisores -como la serotonina y la melatonina- exigen al organismo un esfuerzo de recalibración. Durante el invierno, el cuerpo tiende al ahorro energético y al letargo; al cambiar de estación, se le demanda una respuesta activa. Si el terreno biológico está debilitado por malos hábitos, estrés crónico o carencias nutricionales, la transición se vuelve cuesta arriba, manifestándose en fatiga física y mental.
Superar este estado requiere un abordaje que unifique el cuerpo y la mente, entendiendo que ambos son facetas de un mismo sistema. El primer pilar fundamental es la nutrición consciente. En lugar de recurrir a estimulantes artificiales o azúcares refinados que generan picos y caídas abruptas de energía, la medicina integrativa aconseja transicionar hacia una despensa viva y estacional. Es el momento ideal para incorporar alimentos frescos ricos en vitaminas del complejo B, magnesio y antioxidantes, tales como verduras de hoja verde, brotes germinados y frutas de estación. Estos nutrientes actúan como verdaderas chispa metabólicas que ayudan a nutrir el sistema nervioso y a devolverle la alegría celular al organismo.
El segundo pilar es la regularización de los hábitos de descanso y movimiento. Aunque los días se alarguen, es vital mantener rutinas de sueño estables, acostándose y levantándose a horarios similares para no confundir al reloj biológico. Asimismo, el movimiento consciente -como caminar al aire libre, practicar yoga o realizar estiramientos suaves por la mañana- estimula la liberación de endorfinas y promueve una oxigenación adecuada, disipando la bruma mental.
Finalmente, la dimensión emocional juega un papel crucial. La astenia también se alimenta de la autoexigencia y del estrés acumulado durante el año. Permitirse una pausa, incorporar técnicas de respiración profunda, meditación o simplemente reconectar con actividades placenteras ayuda a bajar las revoluciones del sistema nervioso simpático. Alinear cuerpo y mente en primavera significa aceptar que el cuerpo humano necesita un tiempo de transición. Escuchar el mensaje de fatiga como una invitación a cuidarnos con más gentileza es la clave para florecer junto con la nueva estación.
Para TodoSalud: Alejo Oliver
www.todosaludonline.com.ar
@diariotodosalud
Fuentes consultadas:
*Bupa Latinoamérica.
*Psicología y Mente.
*Cinfasalud.
