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Jardinería de la vida cotidiana

Si plantamos semillas positivas y eliminamos las malas hierbas de nosotros mismos, mejoraremos nuestra relación con los demás y ganaremos en serenidad.

Cuando comprobamos que un determinado hábito, acción o línea de pensamiento nos proporciona frutos amargos, debemos cortarlo de raíz. Si no queremos tropezar siempre con la misma piedra, tenemos que estar atentos al baile de las causas y los efectos.

Las emociones que cultivamos se convierten en pensamientos y éstos se transforman, a su vez, en acciones. Muchas personas se excusan en que no pueden cambiar y se justifican con la frase “es que yo soy así”. Pero esta afirmación frena nuestra capacidad de crecer, mejorar y decidir sobre nuestra vida. Cada vez que la decimos, nos anclamos al pasado y dejamos nuestro jardín interior a su suerte.

Cuando renunciamos a este trabajo interior, nos convertimos en esclavos de las circunstancias y perdemos el control de nuestras emociones y de nuestra vida. Si queremos evitar que eso suceda, debemos plantar hábitos que nos permitan mantener nuestro jardín interior limpio y fértil a diario.

Sin duda, es mucho más sencillo dejar que nuestro jardín interior crezca desordenadamente que abonarlo día a día con actitudes positivas. No obstante, para saber cuál es el alimento que necesita, antes es imprescindible que averigüemos sus carencias. Aplicado a la vida cotidiana la mejor manera de estudiar nuestro territorio existencial es mirar atrás y ver qué ha funcionado y qué ha sido un fracaso.

Para conocer el campo que vamos a cultivar resumamos cada año de nuestra vida en un guión de una sola página, donde consignaremos aquellos elementos que nos han transformado. Citaremos las personas importantes que han entrado y salido de ella; las conversaciones que han sido cruciales en nuestro desarrollo personal; las lecturas, películas y discos que nos han conmovido; los viajes que han servido para ampliar nuestros horizontes y, por último, los aforismos y reflexiones propias o prestadas. Poner por escrito los momentos o impresiones importantes de cada curso nos permite entender dónde nos encontramos vitalmente, qué pensamos y sentimos, qué le sobra y qué le falta a nuestro jardín y sobre esta base, podremos realizar un buen trabajo interior.

Biografía consultada:
El paraíso interior, de Jordi Nadal.
Riegue las flores, de Fletcher Peacock

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