Con la llegada del frío en mayo, la naturaleza modifica su oferta para entregarnos exactamente lo que nuestro cuerpo necesita. Mientras el sol se debilita y las temperaturas bajan, los estantes de las verdulerías se tiñen de naranjas intensos y verdes profundos.
No es casualidad: el zapallo y las crucíferas (brócoli y repollo) no son solo acompañamientos, sino verdaderos aliados terapéuticos para transitar el invierno con salud y vitalidad.
EL ZAPALLO: NUESTRO ESCUDO DE BETACAROTENOS
El color naranja vibrante del zapallo (ya sea anco, cabutiá o criollo) es el indicador visual de su riqueza en betacarotenos, precursores de la vitamina A. Durante los meses de frío, este nutriente cumple dos funciones críticas. Primero, protege la salud ocular, ayudando a prevenir la sequedad que generan los ambientes calefaccionados y la fatiga visual. Segundo, es fundamental para la regeneración de la piel y las mucosas; estas últimas actúan como la primera barrera física contra los virus respiratorios.
Además, el zapallo es una fuente excepcional de potasio y fibra, con un aporte calórico muy bajo pero una gran capacidad de saciedad. Al consumirlo cocido (preferentemente al horno o al vapor para no perder sus minerales), estamos ofreciendo al cuerpo un hidrato de carbono complejo que estabiliza la energía sin generar pesadez digestiva.
BRÓCOLI Y REPOLLO: LIMPIEZA Y DESINTOXICACIÓN HEPÁTICA
Por otro lado, el grupo de las crucíferas, donde reinan el brócoli y el repollo, aporta lo que la ciencia denomina «compuestos azufrados», como el sulforafano. Estos compuestos son esenciales para la fase II de desintoxicación hepática. En una época donde solemos consumir comidas más densas o calóricas, el hígado necesita un apoyo extra para filtrar toxinas y metabolizar grasas de manera eficiente.
El brócoli, en particular, es una mina de vitamina C, superando incluso a los cítricos en peso equivalente. Sin embargo, para aprovechar estas propiedades, la clave es la cocción: debe ser breve (no más de 5 a 7 minutos al vapor) para evitar que el calor destruya las enzimas que activan sus beneficios anticancerígenos y desintoxicantes. Por su parte, el repollo, especialmente si se consume fermentado (chucrut) o en ensaladas finamente picadas, aporta vitamina U, conocida por su capacidad para reparar las paredes del estómago y mejorar la gastritis.
SINERGIA EN EL PLATO
Integrar estos alimentos en mayo es una estrategia inteligente. Mientras el zapallo nos cuida «por fuera» (piel y vista), las crucíferas hacen el trabajo sucio «por dentro» (hígado y digestión). Un puré de zapallo con brócoli al vapor salteado con ajo no es solo una cena reconfortante, es un tratamiento de medicina preventiva basado en alimentos reales.
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Investigación de Vera Alaniz para TodoSalud
Fuente consultada: Harvard T.H. Chan School of Public Health. «The Nutrition Source: Vegetables and Fruits». Estudios sobre el impacto de los carotenoides y los glucosinolatos (crucíferas) en la reducción de la inflamación y la optimización de las enzimas de desintoxicación hepática.

